Me gusta ver cómo las
brisas mueven las ramas de la vilca,
Sentir su frescura en las
mejillas al mediodía,
Ver entre las ramas ahora
verdes,
El silencio en un nido
abandonado;
Imaginar que a él, el ave alguna
tarde volvería.
Me gusta ver los colores
de los geranios,
Que se imponen bajo el sol
ya de verano,
Sentir esa quietud cuando
el sol está en lo alto,
En la piel el calor que la
morenea,
A una mariposa decirle: “te conocí cuando eras un gusano”.
A veces me gusta estar
bajo el sol ardiente,
Sin importar que la
radiación la piel la dañe,
Dejar que la imaginación
vuele hacia una playa,
Verla caminar con la falda
batida por el viento,
Esperando parada que una
ola los pies le bañe.

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