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sábado, 26 de abril de 2014

Poesía Provinciana 3

El canto de un gallo

Canta el gallo muy temprano,
Y hace al barrio despertar,
El durmiente con desgano,
Tendrá el sueño que dejar.

Es un gallo viejo el que siempre canta,
Con su voz un poco ya cascada,
Esforzando su garganta,
Se hace oír de madrugada.

Había otro animal casero como él,
Que también nos despertaba,
Extraño el canto de aquel,

Que el nuevo día anunciaba.


Arroyo del recuerdo


El agua fría que de la puna viene,
Por los arroyos y ríos de la sierra,
Hiela el pie cuando desnudo cruza
Para llegar a la extrañada tierra.

Esos arroyos solitarios,
Que parecen venir  del cielo,
Sus murmullos son como  emisarios,
Que dan abrazos de consuelo.

Ya en el pico de la loma,
Cuando el pueblo aun distante veo,
En la distancia aun el arroyo asoma,
Sentir en mis pies su caricia aun deseo.

La fresca brisa adivinando,
Mi deseo en un suspiro,

Lentamente a mi oído va llevando,
El lejano rumor que tanto admiro.

Por qué ese arroyo en especial,
Siempre cruzarle me atraía,
Por que él a otros no es igual,
Por qué a  él mi simpatía.

Es que él sabe que una vez,
Tanto tiempo ha pasado,
Estando casi en mi niñez,
Lo crucé con alguien a mi lado.


 El Palto de Gladis

Gladis tiene en su gran huerto,
Muchos  frutos en un palto,
Hay Chiguancos yo le advierto,
Los frutales toman por asalto.

Los árboles de paltos son hermosos,
En los cerros o quebradas,
Esos frutos tan sabrosos,
Satisfacen las miradas.

Pareciera que natura,
A los hombres favorece,
Ofreciendo con ternura,
La vida de ellos enriquece.

Más Gladis en descuido,
A tiempo no ha cosechado,
Todo el fruto se ha comido,
El Chiguanco tan malvado.

Cuando enterada de ello,
Gladis ríe de buena gana,
Y rascándose el cabello,
Dice: “ya habrá más la próxima semana”.