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lunes, 21 de marzo de 2016

LOS PARTIDOS DE FÚTBOL PARA LA CLASIFICACIÓN MUNDIAL SE REANUDAN CON ESPERANZAS, CON DESESPERANZAS PARA EL HINCHA PERUANO





Se piensa con el cerebro, que la mayoría de humanos sienten más con las vísceras que con el cerebro. Ama con el corazón; es piadoso cuando se guía por él. Odia, es envidioso, es perverso, cruel, descontrolado, destructor con el hígado. Hasta prácticamente “piensan” muchos, con el estómago, con los intestinos; por eso gustan de la buena vida gastronómicamente, saboreando sabrosos platos de tantas cocinas; bebidas alcohólicas o no. Otros ven la vida con los ojos de los artistas; llenan estadios, coliseos, teatros en sus ratos libres para ver, oír a sus artistas favoritos. Difícil es determinar con qué órgano deciden los que buscan los dineros y poder en el mundo todo. Y por supuesto hay quienes se centran en los deportes.
El cerebro, es el órgano destinado por la naturaleza, para el pensamiento; a él se le debe confiar las decisiones; es el que menos se equivoca. Cuando el cerebro dice no; lo probable es que tenga razón; pero hay la voz que dice, sí, démosle otra oportunidad.
Los peruanos y peruanas, aficionados al fútbol, saben en su mente, que hace décadas, por razones desconocidas, el fútbol peruano, como país— ya que hay individualidades de jugadores que están entre las estrellas mundiales—, por causas no determinadas, yace en el nivel más bajo del difícil y prestigiado fútbol sudamericano; donde moran potencias futbolísticas como Brasil, Argentina, Uruguay; países con prosapia futbolística; y otros que están apenas por debajo de ellos; no así el caso en Perú y quizás dos selecciones más.
El fútbol peruano de actualidad, el que queda cuando los destacados emigran, no evoluciona; no existe como responsabilidad del Estado, investigación científica de las causas de ello; quizás no nacen jugadores talentosos en número suficiente; no hay entrenadores, capaces de definir una escuela de fútbol. El campo del gran problema, está abierto a la investigación; siempre y cuando se eliminen de su buen camino las enormes rocas de la mediocridad enquistadas en las instituciones responsables; la acequia por donde debería fluir un fútbol de calidad está llena de yerbas malas, de basura que impide el paso de nuevos pensamientos, nuevas gentes dirigentes.
Continuando con los competidores, es justo considerar que no hay rival pequeño; los resultados volverán a la realidad. Don Quijote, en sus andanzas le decía a Sancho: “No importa si no se consigue el triunfo; lo importante es haberlo intentado”.