Qué grato es para mí, bajar a mi jardín,
Con la últimas luces de la tarde,
Llenar los pulmones de jazmín,
Mientras el Tanka, el pichuncho, de su trino hace
alarde.
Estar varios minutos con la ya brisa fresca,
Sin respirar casi para no espantar al ave,
Sentir también que la noche mi cara refresca,
Que la lluvia que empieza a caer mi rostro lave.
Hay tardes en que el espíritu con natura armoniza,
Todo es paz y silencio pleno,
Hasta el tiempo parece que se paraliza,
Sientes que también en el mundo hay algo bueno.
Ω

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