Arroyito del valle, de
fresco murmurar,
llévate mis penas, mi
triste suspirar;
más a nadie nunca digas,
que me has visto llorar.
Algún día, arroyito fresco,
ya no vendré hasta ti;
las flores amarillas,
radiantes, luminosas,
que entre alfombra de verdes
yerbas,
cubrían rincones en
tus húmedas orillas,
no sentirán ya más, mi
incontrolado penar.
Tal vez las campesinas que
pasaban,
con la seca leña a sus
espaldas,
tarareando alguna melodía,
se pregunten por mí,
que sentado a tus orillas,
de reojo veíanme ensoñar.
Arroyito del valle,
tú siempre sigue así,
más nunca arroyito,
te olvides de mí.
Ω

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