Una vez en mi mano ingenua tuve,
Un pajarillo caído de muy alto nido,
Miraba, a la copa del árbol que terminaba en nube,
Temblaba en mis manos, aquel ser por el destino,
perdido.
El haberlo levantado mi conciencia me reprochaba con
dureza,
“Debiste alejarte del lugar, nada de ello saber”, mi
cerebro me decía,
“Sus propias leyes de la vida tiene la naturaleza”,
En confusas razones y sentimientos mi alma se perdía.
Tal vez la lucha por vivir y ver vivir era la razón,
Más sería imposible llegar hasta el nido aquel,
Mientras más pensaba más latía el corazón,
Dejarlo donde lo levanté me parecía cruel.
Con mis sentimientos a punto de estallar,
Miré a aquel ser desnudo con la cabeza que inclinaba,
Hipnotizado, su cabeza ya en mí mano no dejaba de mirar,
Inmóvil en mis temblorosas manos, sin vida estaba.

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