A un jilguero yo escuchaba,
en mes de otoño, en mediodía,
un canto hermoso no esperaba,
ya que sólo tristeza sentía,
Siempre el mundo estuvo lleno,
de hojas muertas y hojas vivas,
de un día de alegría pleno,
o de frutos de lo que cultivas.
Nada es largamente permanente,
que el que injusticia ha cometido,
merecida justicia recibirá finalmente,
aunque crea estar bien protegido.
Vivir es estar entre dos polos,
entre el bien y entre el mal,
rodeados de gentes, a veces, muchas, solo,
siempre solos al final.
Por eso una sencilla avecilla,
desconocida cantando una canción,
que es como un beso en la mejilla,
una caricia en el corazón.
La soledad y la tristeza la transforman,
por un momento en paz serena,
y con sus trinos ella te informa,
que el vivir también vale la pena.