Cuando el licor
bebido anubla la razón,
Cuando la soledad
a él nos obliga,
A oscuras quieres
estar en tu habitación,
No queremos que
nada nos persiga.
Allí, silenciosa,
callada, triste,
Como si ante mí
por alguna razón viniera,
Tú nada quieres
saber, por lo tanto que sufriste,
Que por ella tu
alma el dolor conociera.
Es tan clara el
alma allí presente,
Que gritas que por
favor se vaya,
Mientras tocan tu
puerta la gente,
Y sientes que tu
cerebro estalla.
Más inmóvil está
allí y sigues mirando,
La siempre bella,
nunca tan triste como ahora,
Mientras siguen
con insistencia la puerta tocando,
Ves que el espíritu frente a ti callado llora.
Con gran esfuerzo
consigues el licor controlar,
Te levantas, vas a
la puerta pasando al lado de ella,
Dices a la gente:
“tranquilas, se pueden marchar”,
Buscas al fantasma,
ya no está la pasión aquella.
La conciencia al
cerebro va volviendo,
Aún está dentro de
ti aquello del pasado,
Que ahora en
cementerio está durmiendo,
Aquello que
creíste ya haberlo enterrado.
Ω

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