Qué azul el cielo, sobre lentas nubes alargadas,
El viento frío, roza mi faz,
Llega a mí, el aroma de rosas lejanas,
Hay un piar tembloroso, entre ramas ya amarillas,
En los
jardines, los gladiolos bajo
tierra, duermen en paz.
Este otoño también lento se va yendo,
Vuelvo a sentir bajo mis pies, el crujido de sus
hojas,
Algunas aves, a ignotos lugares ya se han ido,
Muy callado, todo se va volviendo soledad,
Retornando al alma las congojas.
En solitario banco de un parque sentado,
Veo muy pocas gentes pasar,
Desnudas las ramas de nidos vacíos,
Hubiera sido ave, eso hubiera querido,
Cerraría los ojos,dejándome por las brisas llevar.

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