Una pálida mariposa un jueves en Sabandía,
Sola caminaba con mochila en la campiña,
No creo que sea malo me dije, cerca de ella caminaría
Se detuvo en un árbol del camino, la pasé y me dije: ¡Qué niña!
Tenía la serenidad del campo en la mirada,
Grácil cuerpo como el tallo del trigo maduro,
Se formó eso en mi mente mientras pasaba,
Feliz novia debe ser, en silencio conjeturo.
Seguimos por el camino a cierta distancia,
Llegué al final de las tierras labrantías,
A los pocos segundos ella me alcanza,
Notaba gestos y leve sonrisa de simpatías.
“Estos valles son pequeños”, dije murmurando,
“aquí termina el campo y empieza la cordillera”,
Me dije: “te quedarás solitario hablando”,
Más dijo: “mi madre caminaba por acá antes de que yo
existiera”.
Así comenzamos un diálogo de recuerdo grato,
Voy a Sabandía cuando estoy en Arequipa,
En esos caminos vuelve a mí de inmediato,
Nunca falta una parcela de trigo que participa.
Al igual que algo muy bello de natura,
Que no puede uno de ellos apropiarse,
Recuerdo siempre a la niña de mirada tan pura,
Cuando el polen del trigo por esos campos se esparce.
Ω