Hace 56 años, nació el concurso: “El poeta joven del Perú”,
según la lógica común, los jóvenes poetas de entonces tenía 20 o 30 años; es
decir hoy son venerables de más de 70 abriles.
En una escuela de música, a fin de año, por tradición se
cerraba el año académico con las conocidas “Actuaciones”. Los números del programa los conformaban
jóvenes y señoritas, también niños y niñas; la mayoría interpretando
instrumentos y no muchos cantantes, del difícil canto lírico.
Los salones se llenaban con la presencia de los padres de
familia y parientes ansiosos de ver el talento de los suyos. No sólo era
cuestión de apreciar las interpretaciones sino también de hacer crítica,
aprender a hacerla, sobre los hechos observados; aquella critica denominada
constructiva, opuesta a la basada en complejos, envidias o ignorancias. Las
mejores críticas, y buscadas por los alumnos inteligentes eran las que
formulaban los maestros y maestras o del público, los más viejos o
experimentados; porque señalaban errores y corregían defectos de aprendizaje.
Tal vez la crítica más dura era la de: “Técnicamente cantó
bien o su interpretación en el piano fueron perfectas; pero… muy frías; no
ponen sentimiento que es la parte más importante en el arte, especialmente en
el canto”. Tan dura observación a unos jóvenes, casi todavía adolescentes era
desmoralizante; hasta que el maestro más honorable y experimentado por la vida,
salió en defensa de los descorazonados y quizás futuros artistas: “¡Cómo
quieren que pongan corazón en lo que cantan o tocan si todavía no se han
enamorado; no saben de sentimientos no correspondidos!”.
Detectar al alma sensible, él o la que, aun contra su
voluntad, nacieron para la expresión
bella de los sentimientos, pensamientos , con la palabra hablada, escrita; buscar a esos espíritus, es correcta actitud
y conductas, materializadas, por ejemplo en estos concursos de detección y
desarrollo; que son de felicitar.
No se debe olvidar que los jóvenes poetas o poetisas del
ayer, son los ancianos de hoy o mañana; y que por haber vivido, sus espíritus
tiene mucho que contar; a través del verso, del poema perfectamente elaborado o
no en la técnica; pero que contiene lo que sacudió su alma; porque poesía es
eso: “El contar a otros lo vivido, lo sentido por espíritus que nacieron con
mucha más sensibilidad que el común de
las personas; y tiene esa casi exclusiva facilidad para hacerlos en palabras,
en frases que reconocemos como bellas”



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