“Buganvillas de mi tierra”
de Thomas Albert
Buganvillas de mi tierra,
qué lejos de mi vida están,
el deseo de verlas mi alma encierra,
en mis ojos, ellas se reflejarán.
Qué lejos el destino a tantos nos
lleva,
la tierra querida no volvemos a
ver,
por más que la promesa de
regresar se renueva,
no retornar a ella es siempre un
temer.
Como una madre, a su calor, el
terruño nos llama,
cómo amamos lo bueno que vimos en
la niñez,
los muros con esas enredaderas,
su recuerdo, es dulzura en la
vejez.
Ω
“La chola Paula”
De Thomas Albert
Era también una niña, y chola
Paula le decían,
era amada por los niños del
lugar,
los matones actuar no podían,
presta ella los ponía en su
lugar.
He vuelto al barrio una noche,
busco de mi niñez en sus rincones
algún eco,
en el silencio percibo un duro
reproche,
por ingrato, no puedo negar, que
peco.
Van hacia atrás mis recuerdos, al
pasado,
los gritos de los niños en las
sombras escucho,
y entre ellos el grito severo de
Paula esperado,
me veo a mí como un niño
larguirucho.
De niño, lejos me llevó la vida
de aquel pueblo querido,
de aquel barrio que era el
paraíso,
volver a él nunca había podido,
más ahora estoy aquí, porque el
destino lo quiso.
Me contaron que Paula ya en mujer
convertida,
sabíamos que su familia no era gente
normal,
la volvieron una muchacha
perdida,
que una vida así, no podía sino
ser fatal.
De las cosas gratas de mi niñez
recuerdo,
a la chola Paula que nunca he
podido olvidar,
las cosas de la vida injustas,
con rabia muerdo,
en mi alma Paula, por gratitud,
siempre has de estar.
Ω
“En una taza de café”
De Thomas Albert
En una taza de café,
puedo ver el color de tus ojos,
recordar el tiempo que fue,
y del que ahora sólo quedan
rastrojos.
Me pregunto qué será de tu
belleza,
ahora con mi vida sin brillo,
la pregunta retumba en mi cabeza,
yo que existo encerrado en gris
castillo.
Ahora que el tiempo el cabello
aclara,
quizás no deba nunca verte,
así el color de tus ojos para
siempre quedara,
y soñar con ellos hasta la
muerte.
Ω
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