“Mariposa
Negra”
De Thomas Albert
Mariposa
hermosa, de alas transparentes,
que aun
volar, por joven no sabía,
los
sentimientos mundanos, en ti aun ausentes,
por
conocerte, mi serena paz perdía.
Tu
inocencia como de blanca mariposa,
por el
complejo mundo caminaría,
al final
hay más tristezas para la más hermosa,
algún alma
cerca de ti, también sufriría.
El tiempo
a los árboles siempre le cambia las hojas,
lo que
había en un lugar, ya no está,
en la vida
verás, que ya no siempre te sonrojas,
lo ahora
terso, marchito, en cercana mañana será.
Cuántas
ilusiones tenemos en la vida,
cuánto un
hombre la mano de una joven busca,
cuánto
anhela un alma ser querida,
cuánta
esperanza, más la vida todo lo ofusca.
Convertida
en mujer empezaste a caminar por la vida,
no sabías
sobre que jardines volar,
al final
terminaste perdida,
y perdido
el que se equivocó al amar.
Ω
“En la
soledad de la alameda”
De Thomas Albert
Cuando el
valle, luego de largo día, duerme sereno,
la luz de
la luna, entre grises nubes alumbra las
calles,
en mi alma
recuerdos desencadeno,
que
desfilan hasta en últimos detalles.
Cuando
estoy así, busco la soledad de la alameda,
busco la
invisible brisa que el rostro acaricia,
para borrar
lo que pasó allí, el recuerdo triste que
en mi alma queda,
cuando al
ver a alguien parecida, el pasado lo reinicia.
Me agrada la
brisa que el cabello ondula,
sentirla
en el rostro como un beso,
a
sabiendas que en realidad eso estimula,
y que al
pasado por eso yo regreso.
Sé que eso
siento en la alameda cuando vuelvo a ella,
por qué no
evitar el recuerdo que hace daño,
más cómo
olvidarla, si me amó siendo joven, siendo
bella,
por eso en
la alameda, el recuerdo con botella de pisco lo acompaño.
Ω
“De mi
gato he aprendido”
De Thomas Albert
De mi gato
he aprendido,
el cómo
ser muy responsable,
todo el
día en su cama él ha dormido,
y en las
noches, busca ratones, con paciencia interminable.
Sean los
meses de invierno o de verano,
silencioso
sobre las hojas de otoño camina,
empieza
sus rondas de noche muy temprano,
y sólo al
amanecer su rutina termina.
Nadie le
ha dicho que haga eso,
se le
tiene en casa por mascota,
se le
quiere por gracioso y por travieso,
porque con
su lomo las piernas frota.
Algún día
mi gato se hará viejo,
no tendrá
por qué hacer su ronda,
se
olvidará con las gatas el cortejo,
y sé que a
mi llamado, alguna vez ya no responda.
Más ahora
lo veo plácidamente durmiendo,
no estaba
en su cajón, está en mi cama,
sé que mi
presencia él está sintiendo,
más no sé,
qué es lo que él trama.
Lo
contemplo todo estirado;
debo ir a
trabajar,
seguir
mirándolo me hubiera gustado;
él, a otro
gato que tuve, con un suspiro, me ha hecho recordar.
Ω
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