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domingo, 17 de julio de 2016

‘Cómo descansa el espíritu atribulado’








Cómo descansa el espíritu atribulado,
Cuando ve en el jardín revoloteando,
Insectos de colores en uno y otro lado,
Y ser uno de ellos, se está uno imaginando.

Un moscardón poderoso podría ser,
De luminoso ébano  un avispón,
Ir de flor en flor, como amante ser,
Beber su néctar, tomar su polen con gran pasión.

Aprovechar de este tibio otoño su débil sol,
De las mañanas ya frías, tan cortas,
Qué lejos ahora como débil farol,
Con buen abrigo el alma reconfortas.

Entonces te acuerdas que un café caliente,
También te puede del frío aliviar,
Por eso a la cocina vas lentamente,
Y así en calma podrás otra vez, trabajar, soñar.



martes, 22 de marzo de 2016

A una campesina, cuando era niño, mi madre visitaba





A una campesina, cuando era niño, mi madre visitaba;
qué alta, qué morena, qué dulce en el trato era,
cuando labraba la dura tierra, ella cantaba,
volver por un momento a ese tiempo yo quisiera.

Me enseñaba lo dulce que era el tallo del maíz,
cómo escondidos en los matorrales, los cherches anidaban,
cómo el negro perro estaba siempre feliz;
qué serenos mis días en el campo pasaban.

Más quién el incansable tiempo detiene,
quién evita de la flor la marchitez,
quién evita que el corazón penas almacene,
quién evita las largas arrugas en la tez.

Debemos como las abejas guardar la dulce miel,
para los últimos días que a todos llegan,
recordar lo bello del pasado aquel,
y así esos recuerdos los espíritus sosiegan.





jueves, 22 de octubre de 2015

En un rincón humilde, penumbroso




En un rincón  humilde, penumbroso

En un rincón  humilde, penumbroso
De un jardín con hojarasca, abandonado,
Dos clases de flores, como en cuadro misterioso,
Inmóvil observando he quedado.

No hay en ellas nada de arrogancia,
No parecen tener presunción alguna,
Más llenan de color los ojos, el olfato de fragancia,
Sabrán ellas que de alguna forma eso es fortuna.

Sólo deteniendo la loca carrera en la vida,
Se pueden hallar tesoros realmente,
Hallar belleza, hallar la paz perdida,
Ocultos en la sabiduría finalmente.

Comprar por vieja una casa abandonada,
Es volver en el tiempo a la infancia,
Preguntarse si fue mejor para el alma la vida pasada,
Sencilla como esas flores, pero con elegancia.


domingo, 14 de diciembre de 2014

“En los bosques de eucaliptos mentolados”

“En los bosques de eucaliptos mentolados”
De Thomas Albert

En los bosques de eucaliptos mentolados,
cantaba en las copas, invisible cuculí,
y aun buscándola por todos lados,
escuchándola sólo seguí.

No es triste ni alegre su canto,
más a mí, recuerdos  trae de mi niñez,
aunque a veces también escondido llanto,
entremezclado con placidez.

De la mano a través del bosque me llevaba,
cuando iba a visitar a una comadre,
aún recuerdo que me enseñaba mi madre,
a estar quieto cuando el ave cantaba.

Hacia lo alto de las ramas señalando,
ponía un dedo en mis labios para indicar silencio,
mientras la paloma seguía cantando,
cuán negros eran los ojos de mi madre a veces pienso.




“Tú no sabes qué es sentir celos”
De Thomas Albert

Tú no sabes qué es sentir celos,
si eres bella estrella, en cualquier cielo,
tú no sabes de amargos desconsuelos,
no sabes lo que es sufrir por los anhelos.

Eres como flor recién nacida en un florero,
no tienes las arrugas de un tronco viejo,
más nada en el mundo es duradero,
goza el momento feliz es un consejo.

Atesora en memoria y corazón los instantes felices,
soporta con valentía las oscuras noches,
goza del color y sus matices.
comprensiva se con halagos y reproches.

Nada es cálida lumbre eterna,
el frío cae sobre harapos, sobre sedas,
vivir en palacio o en caverna,
trata de vivir lo mejor que puedas.




“Ya empieza la lluvia de la tarde”
De Thomas Albert

Ya empieza la lluvia de la tarde,
se escuchan las gotas al caer,
las calles se van humedeciendo,
pronto empieza con furia a llover.

Mirando por mi ventana el jardín,
llegando raudas a las ramas,
se ven Chiguancos y palomas,
¡qué buena lluvia con entusiasmo exclamas!

Recuerdas que allá en el campo el campesino,
debe estar  mirando su sembrío,
que quizás bajo efecto de un fuerte vino,
con suspiro soportaba el seco estío,

Pero agradece a natura el chacarero,
sus cosechas estarán a salvo,
lanzando al aire el viejo sombrero,
también alegre a su lado ladra el galgo.



sábado, 6 de diciembre de 2014

“Va anunciando su producto un heladero”


“Va anunciando su producto un heladero”
De Thomas Albert

Va anunciando su producto un heladero,
una  trompeta que escuchaba desde niño está sonando,
todos corren, todos quieren ser primero,
y en este gran calor, estarse refrescando.

Algo de diferente tenía el heladero del pasado,
quizás el sonido de su rústica trompeta,
o quizás la preparación de su exquisito helado,
su blanca gorra o la sencilla chaqueta.

Solemos amar las cosas vistas en nuestra niñez,
aquél carrito con ruedas de madera rechinantes,
el lento caminar de grata placidez,
todo ello, qué lejos, qué distante.

Me pregunto qué será del viejo vendedor,
por el tiempo pasado no debe ya existir,
aún recuerdo a aquel delgado señor,
algún día, yo también, tendré que partir.



“Tarareando baja el río”
De Thomas Albert

Tarareando baja el río,
entre rocas su canción,
va calmado entre el frío,
de la fría estación.

Es invierno pero él canta,
de la sierra hasta la mar,
sus sonidos nos encantan,
y nos hacen ensoñar.

Pareciera que las rocas,
entre ellas conversaran,
sobre cuántas cosas locas,
que otras bocas les contaran.

Tarareando baja el río,
entre rocas su canción,
tarareando baja el río,
alegrando el corazón.


“Picaflor ave pequeña vespertina”
De Thomas Albert

Picaflor, ave pequeña vespertina,
cual amante a los jardines vuelas,
ya se va la luz que la tarde ilumina,
con tus besos, las flores consuelas.

Picaflor zumbador, pequeño amante,
blanca, roja o azul la flor,
muy cercana o muy distante,
para todas eres el señor.

Vas zumbando de una en una,
y bebiendo su dulzor,
no quedándose ninguna,
como que eres el mejor.

Picaflor de la tarde,
ya te vas con un rumor,
en tu pecho ahora arde,
esos néctares de amor.


lunes, 17 de noviembre de 2014

"Allá en el campo corría"

“Allá en el campo corría”
De Thomas Albert

Allá en el campo corría,
un jumento sin control,
en sus rebuznos decía:
¡oh qué hermoso día de sol!

Ya cansado se detiene,
y mirando alrededor,
mira al amo que ya viene,
no parece mal de humor.

Ha pasado ya un buen rato,
al trabajado ha de volver,
ha gozado el arrebato,
siempre libre él quiere ser.


“Una campesina…”
De Thomas Albert

Una campesina, cuando era niño, mi madre visitaba;
qué alta, qué morena, qué dulce en el trato era,
cuando labraba la dura tierra, ella cantaba,
volver por un momento a ese tiempo yo quisiera.

Me enseñaba lo dulce que era el tallo del maíz,
cómo escondidos en los matorrales, los cherches anidaban,
cómo el negro perro estaba siempre feliz;
qué serenos mis días en el campo pasaban.

Más quién el incansable tiempo detiene,
quién evita de la flor la marchitez,
quién evita que el corazón penas almacene,
quién evita las largas arrugas en la tez.

Debemos como las abejas guardar la dulce miel,
para los últimos días que a todos llegan,
recordar lo bello del pasado aquel,
y así esos recuerdos los espíritus sosiegan.


El Pisco de mi Tierra
De Thomas Albert

Con el Pisco de mi tierra,
tristes tardes se pasar,
los recuerdos que aun duelen,
sabe él cómo calmar.

Poco a poco va llegando,
al cerebro a la memoria,
y así ya van pasando,
desamores a la historia.

Con el Pisco de mi tierra,
nuevos mundos puedo ver,
en la vida quién no yerra,
en las cosas del querer.


miércoles, 29 de octubre de 2014

Poemas: El palto de Gladis

El Palto de Gladis
De Thomas Albert

Gladis tiene en su gran huerto,
muchos frutos en un palto,
hay chiguancos yo le advierto,
los frutales toman por asalto.

Los árboles de palto son hermosos;
en los cerros o quebradas,
esos frutos tan sabrosos,
satisfacen las miradas.

Pareciera que natura,
a los hombres favorece,
ofreciendo con ternura,
la vida de ellos enriquece.

Más Gladis en descuido,
a tiempo no ha cosechado,
todo el fruto se ha comido,
el chiguanco tan malvado.

Cuando enterada de ello,
Gladis ríe de buena gana,
Y rascándose el cabello,
Dice; “ya habrá más la próxima semana”.


Los Granados de mi pueblo
De Thomas Albert

En los huertos de mi pueblo,
hay granados ya en flor,
que los mece el tibio viento,
esperando el calor.

Cada flor será un fruto,
En el fruto una corona,
El dulzor será el tributo,
Y feliz será el que coma.

En mi pueblo las granadas,
cuando han ya madurado,
cual mejillas sonrosadas,
son el fruto deseado.



Sale el Sol tras los volcanes
De Thomas Albert

Sale el sol tras los volcanes,
canta un gallo en su corral,
ladran también lejanos canes,
en esta mañana de cristal.

Qué azul el limpio cielo,
qué blancas nubes flotan,
son como de terciopelo,
casi de la nada brotan.

Dónde pasar este domingo,
es pregunta que me hago,
mientras  el desayuno extingo,
eso es lo que divago.

Puedo ir hasta el molino viejo,
más no quiero recordar,
un sentimiento que aún no despejo,
que no puedo olvidar.

Qué mañana tan tranquila,
qué callado viaja el sol,
hora tras hora el tiempo desfila,
piensa y piensa mi mente sin control.